Horacio Luis Manzato, oriundo de Villaguay, Entre Ríos, Argentina,
es Licenciado en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires.
Actualmente cursa la carrera de Derecho en la U.B.A.
mientras termina el profesorado de Ciencias Políticas.
Asimismo colabora en un proyecto sobre investigación
de Geopolítica en la Universidad del Salvador.
Es indudable que en Argentina no todos sus ciudadanos son libres e iguales como profesa el ideario liberal. En este país, como en todo el mundo, existen diferencias con las que las personas nacen, viven y generalmente mueren.
Estas diferencias sociales condicionan todas las actividades que los sujetos pueden realizar, definen su grupo de pertenencia, sus patrones de consumo y hasta qué tipo de educación tendrán que cursar.
El problema de estas diferencias es que son reforzadas y legitimadas por el propio sistema, encontrando al sistema educativo como pilar para legitimar las desigualdades de origen.
Dentro del sistema educativo esta instaurada la visión de que no progresa quien no quiere, no estudia el que prefiere hacer otra cosa o simplemente el que no tiene las condiciones para poder cursar y rendir ciertas asignaciones en determinado periodo de tiempo, y sólo triunfa quien se esmera y por mérito personal. El sistema de educación argentino toma a todos los individuos partiendo de la base que son iguales, pero en realidad no lo son. Muchos de ellos provienen de familias en estado de vulnerabilidad y los contenidos de este sistema no les son propios, o significativos para su vida.
Es muy difícil que estas diferencias de origen se atenúen en el sistema de educación; generalmente la clase baja no termina la escolaridad obligatoria, (recordemos que son trece años divididos en preescolar, primaria y secundaria), o si la termina lo hace en establecimientos considerados de baja calidad - y ni hablar de utilizar el sistema público de enseñanza universitaria.
Fue un gran logro la enseñanza pública y la masificación de la educación, pero es a partir de estas conquistas incuestionables que tenemos que repensar un sistema más justo.
El fracaso escolar, la sobre edad y la gran diferencia de calidad que existe entre las instituciones dentro de nuestro sistema son sólo algunos problemas que podemos mencionar.
Propongo pensar una escuela justa en sentido que pensó Dubet. Es decir una escuela que atenúe estas diferencias, que garantice a los jóvenes de clases populares una serie de contenidos que les puedan servir en su vida cotidiana. Una escuela en donde las diferencias de origen no condicione la escolaridad de los niños. Que no sea sólo el mérito y las buenas calificaciones lo único que se premie en el sistema.
El sistema publico de educación y la eliminación de los exámenes de ingresos a casi todos los secundarios públicos del país es un gran logro en la democratización de la educación, pero el sistema continúa siendo muy fragmentado en su interior. La diferencia que los niños traen desde su hogar generalmente tiende a acentuarse y por ahora está lejos de ser un sistema que lo puedan aprovechar todas las clases sociales por igual.
Publicado originalmente en:
http://www.asociacionsud.org/la-diferencia-de-los-iguales/
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LA DIFERENCIA DE LOS IGUALES / LIC. HORACIO L. MANZATO (ARGENTINA)
¿SOY UN SER HUMANO?
Esta pregunta es muy compleja de responder, ya que no se exactamente que debería responder, el ser humano es un ser que dentro de las especies es un producto inacabado, no podríamos decir que es perfecto, se va formando a medida que pasa el tiempo, es el producto de la integración en la sociedad. Ésta se va desarrollando en la medida que interactúa en la misma. Además, se encuentra en constante competencia, por eso compite ¿para qué?, para dominar el ámbito en el que se encuentra, le gusta llegar primero ser el hacedor de su propia vida, y a su vez sentirse superior por el sólo hecho de ganar la competencia.
Explica Ortega y Gasset en El tema de nuestro tiempo expresa: “La razón por la cual elevamos a la dignidad de principio una entidad cualquiera es que hemos descubierto en ella un valor superior. Porque nos parece que vale más que las otras cosas la preferimos y hacemos que éstas le queden subordinadas. Junto a elementos reales que componen lo que un objeto es, posee éste una serie de elementos irreales que constituyen lo que ese objeto vale. Lienzo, líneas, colores, formas son los ingredientes reales de un cuadro: la belleza, armonía, gracia, sencillez son los valores de ese cuadro. Una cosa no es, pues, un valor, sino que tiene valores, es valiosa…Se ven las líneas del cuadro pero no su belleza; la belleza se siente, se estima…” Estimar equivale a valorar. Percibimos el mundo a través de nuestra sensibilidad. Sentimos que somos felices con las pequeñas cosas, pero a la vez se nos exige que debiéramos ser de tal o cual manera y eso nos frustra, no podemos encajar en algún molde predeterminado el que la educación nos ha impuesto.. No podemos actuar como quisiéramos, actuar con libertad y como lo expresa Platón: “Todos los seres humanos queremos ser felices”, y en realidad el desasociego y la carrera constante no nos deja ser felices. No podemos actuar con libertad, entendiendo a la libertad como el valor característico de los seres humanos, pero no como “hago lo que quiero”, sino como lo opuesto a la rutina. Denunciando constantemente la imbecilidad, el descerebramiento de los que pronuncian frases hechas y fórmulas embalsamadas. Formando una nueva conciencia la autenticidad, aprender a discernir.
La conciencia nueva merece ser cultivada, adiestrada, potenciada. Educar es educarla. Valores es educación, la que recibís diariamente, pero sobre todo la que te das en contra de la corriente palabrera y vaciadora de la mente.
Con la educación aprendemos a ser buenos, pero ¿qué es ser buenos?, Yo quiero ser bueno, pero ¿Qué debo hacer? Aristóteles responde, practicar las virtudes. Las virtudes son las conductas que requieren ejercicios para incorporarlas en el ser humano y hacerlas prevalecer, debo practicar actos de bondad, adquiriendo la costumbre de hacerlas realidad.
Emile Brehier lo explica de este modo: “La virtud es una disposición estable de donde nace la acción virtuosa. Esta disposición no es natural e innata, sino que el hombre nace con disposiciones, por ejemplo para el cólera o el miedo, pero estas disposiciones no son vicios ni virtud y por ellas el hombre no debe ser alabado ni vituperado.
La virtud te educa hacia el compromiso, hacia los hábitos de ayudar a los demás, estos actos son virtudes, fuerzas en las que los valores cobran realidad. También se aplica el sentido de virtud a los objetos, cosas y personas en ámbitos que no son estrictamente morales.
Mónica Hernández.
