Freud en este libro se pregunta cuales son las fuentes del sufrimiento humano. Y responde:"la supremacía de la naturaleza, la caducidad de nuestro cuerpo y la insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en familia, el Estado y la sociedad".
En efecto, los seres humanos sufren porque no pueden controlar la naturaleza. Por más que la ciencia y la tecnología hayan logrado y sigan logrando extraordinarios avances en lo que atañe al conocimiento y a la manipulación de los fenómenos naturales, el ser humano siempre es débil ante el poder de la naturaleza. Esta afirmación de Freud, fue escrita a principios del siglo XX, es de gran actualidad. Hoy vemos que la explotación de los recursos naturales está teniendo consecuencias muy graves para la supervivencia del ser humano. Es que la naturaleza reacciona ante esta explotación.
Los seres humanos sufren porque son concientes de su mortalidad, del carácter limitado de su vida biológica. Este es un tema muy desarrollado en la filosofía. Los seres humanos sienten angustia por advertir que sus proyectos tienen un límite infranqueable: el de la propia muerte.
Y por último, los seres humanos sienten dolor porque tienen necesidad de los otros y, para vivir con otros, necesitan aceptar las normas que regulan las relaciones humanas. Es decir, sufren porque tienen que vivir en una cultura, entendiendo como tal a la suma de las producciones humanas, es todo aquello que los seres humanos han hecho y hacen. La cultura es lo que no es natural, es lo producido por los hombres y mujeres de todas las épocas. Y la cultura tiene, al menos, dos fines: proteger a los seres humanos de la naturaleza y regular las relaciones sociales.
La relación con los otros es necesaria, y a la vez incómoda. No sólo la relación directa con el otros sino con lo que ha producido, por ejemplo, alguien que se dedique a la música recibirá como legado cultural lo que otros hicieron antes que él y, entonces con otros contemporáneos seguirán elaborando nuevas producciones. Surge asi la afirmación que el ser humano está vinculado con otros seres humanos y también con el conjunto de producciones en las que se ha ido expresando, conformando y estructurando la vida de las personas en su convivir. Es decir, el ser humano está vinculado con la cultura de la sociedad. Y entre esas producciones, están las costumbres y las leyes.
Ambas nos muestran cómo actuar, nos orientan y dirigen. Por eso, la cultura tiene un carácter de coacción y de obligación, y también cierto poder sobre nosotros. Dice Freud que, para regular las relaciones sociales, la cultura restringe los instintos, las pasiones y los deseos de los seres humanos, con la intención de hacer posible la convivencia. Y la sensación que estamos limitados por las leyes y por las maneras acostumbradas de actuar produce en nosotros insatisfacción.
Nuestra convivencia se da en el marco de instituciones, como por ejemplo, la escuela. Y las instituciones tienen normas que nos indican como debemos comportarnos o cuáles son los límites de nuestras acciones. Son reglas que organizan la vida en sociedad. Esa organización y sus límites pueden ser muy útiles para el desarrollo de nuestra convivencia, pero generan algún grado de malestar. Podemos estar en desacuerdo con muchas de esas normas, pero no podríamos pensar la vida en sociedad sin la existencia de las normas.


